jueves, 12 de enero de 2017

Verano

Inicio los días buscando reconocer las cualidades de la luz. Sé que el sol está siempre ahí, pero en ocasiones parece distante, oculto y cauto. Hoy ha salido temprano y la que se muestra distante, oculta y cauta, soy yo ¿Es un instinto de protección necesario?
En mañanas como esta, cuando el día parece decir "estoy aquí para ti", me detengo, sólo para ser consciente de ese llamado y armarme de valor para ir por él.
Armarse de valor es despojarse de todo y quedarse con lo más básico: el deseo de vivir una vida que merezca la pena. En mi caso, una vida en la que la calidez y coherencia me sigan señalando el camino; una vida en la que reconozca cómo me siento, pero no me siente cómodamente en ese lugar. Una vida en la que pueda combinar contemplación y acción; en la que pueda disfrutar de la complicidad de los otros, y regalarme momentos exclusivamente para mí. Una vida en la que sienta que mi potencia me mueve a superar mis miedos e inseguridades, y en la que encuentro el lugar para estar en contacto con lo sublime y simple del mundo.
El fracaso ya no es el cuco. Siento que he logrado lo suficiente, como para que no me dé miedo el vacío.
Atesoro todo lo vivido y me dispongo a recibir el sol sobre mi piel. Y en ese rito, soy una con el universo.

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