domingo, 28 de agosto de 2016

María, Maricucha

María, Maricucha, tiene casi 102 años. A pesar de su delgadez, su espíritu es tan vital y generoso como este sorprendente sol de domingo en agosto.
Su menudo cuerpo ya no le permite hacer lo que estaba acostumbrada, pero toda una vida activa y austera le da la tranquilidad de despedirse a su tiempo, transmitiendo la paz que siempre defendió.
Hace años que pienso en ella como una vela cuya llama se apaga lentamente. Ante su imposibilidad de movimiento y expresión me pregunto ¿Dónde está su espíritu en este momento? ¿Puede sentir el amor que todos a su alrededor le tenemos? ¿Siente tranquilidad tal como está?
María, Maricucha. 102 años de resistencia y rebeldía. De estregarse por completo a los otros, de valorar lo simple de la vida, de difundir la riqueza de nuestro Perú.
Valentía y diplomacia; atrevimiento y rigor; maternidad y patriotismo.
Si tan solo un poquito de ella llevase conmigo, tendría la certeza de una vida que vale la pena de ser vivida. Y así es, porque sé que en aquello que transciende el tiempo y el espacio, ella y yo somos una.
María, Maricucha, soy tus manos, tus ojos, tu risa. El camino que has señalado es el que yo también decido recorrer, porque sé que en él estaré siempre contigo.

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