Este es un lugar que sólo ocupo cuando la pena no me deja ser, cuando siento que me alejo de mí misma.
Mi diario de papel es más cálido y contenedor.
Pareciera que recurro a esta pantalla fría cuando necesito mirarme en el espejo de la miseria.
Sé que escribo para transformar lo que siento en algo que me dé señales y me aliente a seguir avanzando, para sacarlo de mí, mirarlo, aceptarlo, sonreírle y encontrarle un lugar, de vuelta, en mi corazón, pero en el que ya no se sienten tan punzante y pesado.
Eso acaba de suceder ahora y, aunque sé que esa presencia ausente que me entristece sigue ahí, sé que puedo disfrutar de lo simple de la vida para volver a mí y al amor universal.
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